Letras nuestras. Los alumnos escriben.

Sueños premonitorios. Escrito por Jorge Estévez (1ºESO B)

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Este relato fue publicado el 28 de enero de 2017 en cosasdejorgeestevez.blogspot.com/

Ahora mismo, estoy jugando a la Play Station 4 sentado en mi sillón comiendo una pizza. Desde mi punto de vista, que a algunos les puede parecer estúpido, estoy reservando grasa para el gran viaje. El gran viaje es una oferta que me ha hecho una empresa. Consiste en ir al Sáhara, y estar allí durante dos días. Sé que puedo morir, pero el premio es que si sobrevivo me darán 1.000.000 de dólares.

En mi casa, que la comparto con mi perro Sparky, ya he hecho las maletas. Sparky se viene conmigo, puesto que, según dicen, los perros resisten mejor la sed.

El viaje no lo haré solo, me acompañará un nómada. Esto me tranquiliza bastante, porque como ellos están acostumbrados al desierto, en caso de que me desmaye, él tendrá alguna técnica para salvarme la vida.

Ya han pasado cinco días, y es hora de partir. De camino al avión, me han pasado un par de sucesos un tanto raros. Mi perro no para de ladrar en el coche. Me pregunto qué será, así que decido abrir el maletero y lo que me encuentro es… ¡ Una cría de camello ! Estoy bastante satisfecho, porque de aquí a que empiece la expedición, ya será adulto y podré cabalgar sobre él. 

Estoy nervioso, no me gustan los aviones, y, ahora mismo, estoy metido en uno. Lo que menos me gusta es que a Sparky y a Duna, que es el nuevo nombre que le he puesto al camello, los dejen solos en el maletero con las maletas. Me he decidido a echarme una siesta hasta que lleguemos a África.

Ya estamos en África, y hace una temperatura de 48ºC.  La temperatura es tan grande que hasta me cuesta respirar. Sparky, Duna y yo nos vamos a quedar en un albergue durante ocho días. Después, empezará la expedición.

Los dueños del albergue son unos tipos bastante simpáticos y generosos, son morenos y tienen unas arrugas que les surcan la frente. Uno dice tener 70 años y el otro dice tener 40 años.

Tengo ganas de ver cómo es mi habitación, pero más ganas tengo aún de ir a la piscina, porque aquí hace un calor insoportable. Yo pensaba que el agua estaba fría, pero me acabo de meter y es un jacuzzi. Está calentito, así que me acomodo demasiado y, acabo dormido. Y, entonces pasa media hora.

Me acabo de despertar debido a que se me ha metido agua en la nariz, y, me ha venido esa sensación tan horrorosa de cuando tenemos ganas de estornudar pero no podemos. Pero, mirándolo por el lado bueno, me he despertado a tiempo para seguir disfrutando del resto del día.

En este albergue hay una cosa que ningún otro albergue que yo haya visto tiene. Y es que aquí hay una tienda para cuidados de camello. He llevado ahí a Duna y le he comprado un collar, un chip por si se me pierde, le he cortado el pelo y arreglado y he comprado una silla para montarme en ella cuando sea mayor.

He tenido que ir a recepción a pedir la llave de nuestra habitación, pero dicen que te la dan en el pasillo en el que está cada habitación. Al final, he tenido que ir a cogerla, y, al abrir la puerta, me he llevado una sorpresa. La habitación es muy grande, y tiene tres dormitorios, una televisión de 60´´, una bañera y una ducha (que, por cierto, tiene agua fría) y hasta un telescopio para observar los baobab que nos rodean ( que son gigantes).

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                                                         Baobab (Lo he fotografiado yo)

Después de darme una ducha bastante cómoda, Duna, Sparky y yo, hemos bajado a cenar ( bueno, ellos su comida y yo la mía).

Al acabar, hemos salido a dar un paseo por los alrededores del hotel, y hemos visto un montón de estrellas, porque el cielo estaba muy despejado. Yo hasta hace un momento pensaba que en África habían auroras boreales, y, por eso me he traído unos prismáticos. Decepcionado, me iba a ir cuando, de repente, veo una luz brillante en el cielo, justo por encima del mar. 

Me acabo de levantar del suelo. Llevo media hora contemplándola, ya que en el ecuador de la Tierra, de donde yo vengo, no hay auroras boreales. Después veo en el horizonte una gran duna que nos reta a subirla. Creo que  esa duna es la que acaba de hacer que mis últimos días de vacaciones antes del gran viaje, los pase allí.

Cojo mi equipaje, y, aprovechando que Duna ha crecido, me monto en su lomo. Al principio, no me acostumbré a la sensación de tener dos jorobas, una delante y otra detrás, pero a los dos minutos, ya estoy encima de ella, agarrado a una de sus jorobas. Yo pensaba que el viaje iba a ser tranquilo, pero acabamos de pasar por un charco en el que había un cocodrilo y, ahora, Sparky no para de ladrar.

 Desde mi punto de vista, Sparky es un perro muy dramático. Solo con pensar esto, Sparky paró de ladrar y así se creó un inquietante silencio.De repente, una voz surge de la nada en todo el inquietante silencio del desierto y dice:

– ¡¡¡Veeeete!!!

Estoy saliendo por patas, (literalmente, las de Duna), porque creo que no es muy normal quedarse quieto cuando se oye una voz que te advierte que te vayas.

Acabo de llegar de regreso al hotel y me he dado una ducha de agua fría. Mientras lo hacía, he pensado cómo volver de regreso hacia esa duna, pues tengo mucha intriga en saber lo que hay ahí. Así que voy a partir desde ya, porque se me ha ocurrido algo: le pediré a 8 personas que me acompañen.

He preparado de nuevo mi equipaje y he partido. Esta vez estamos más cerca de la duna que la vez anterior y, a medida que nos vamos acercando, se empiezan a oír ruidos raros, son parecidos a carraspeos muy, muy graves. Los hombres y yo nos hemos asustado un poco, pero no lo suficiente como para retroceder. Tras este acto que nos ha sucedido empiezo a dirigirme hacia la duna con más valentía.

Tengo que beber agua, estoy muy cansado y eso que no he hecho nada. Lo que pasa es que el sol llega de una manera muy fuerte y me agota. Creo que esa es la razón por la que a pesar de haber bebido mucha agua, (concretamente varios litros), no he tenido ganas de hacer ninguna de mis necesidades.

Han pasado varias horas de esto, hasta que vemos a lo lejos un enorme torbellino de arena, que se dirige a más de 300 kilómetros por hora hacia nosotros. En cuestión de segundos, acaba de empezar una tormenta de arena. Es horrible, se te mete arena por todas las partes, pero sobre todo en los ojos. Es como miles de cuchillos que se arrojan a tu cuerpo haciendo un “clac”. Lo que más me emociona es que Duna está tranquila y parece no darse cuenta. 

Los hombres y yo nos hemos tenido que poner con la cabeza baja, porque si no se nos mete arena en los ojos. Lo peor es que este imprevisto ha ocurrido justo cuando me estaba llevando a la boca un delicioso bocadillo, lo que ha provocado que se caiga y que sea inservible.
De este modo hemos tenido que dar la vuelta otra vez, porque ya no nos quedan previsiones y nos vamos a morir de hambre.

Al llegar al hotel, me he puesto nervioso, porque al día siguiente es el gran viaje, pero también estoy triste, porque no pude llegar a la duna y, seguramente, nunca más volveré a África. Pero, no voy a dejar que ese pensamiento se siga propagando por mi cuerpo. Me he voy a la cama a dormir. 

Son las tres de la mañana, y me he despertado porque tenía una pesadilla, en ella una voz me decía que no debía ir al viaje, que era peligroso, y de repente empezaron a caer desde el cielo bolas de fuego. Estoy unos minutos decidiéndome y he llegado a la conclusión de que me voy de África mañana por la mañana.

Hoy me he despertado, y me he tenido que despedir de Duna PARA SIEMPRE, porque África es su hábitat natal y ahí hará muchos amigos. Después me he ido al aeropuerto con Sparky, que a pesar de lo muy tonto que sea, lo sigo queriendo con locura.

Me meto en el avión rumbo a casa y me voy.

Al llegar a mi casa, he puesto las noticias y he visto que todo mi equipo ha muerto por causa de unas bolas de fuegos. Menos mal que le hice caso a mis pesadillas. Prefiero más que no me den 1.000.000 de dólares que morir.

 

 

Publicado 28th January por jorge estevez


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