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200 años de Frankenstein

(Compartimos aquí la publicación que nuestra compañera Erminda Pérez hizo en su Blog “Letras imposibles” el día 11 de marzo de 2018.)

El 11 de marzo de 1818 se publicó de manera anónima Frankenstein, una novela que ha logrado convertirse en un clásico de la literatura universal y que sirvió de impulso para nuevas corrientes literarias. Desde que apareció en las librerías obtuvo una crítica favorable, e incluso se llegó a señalar en Black-wood’s Magazine que se trataba de una “obra magnífica, siendo la autora una mujer”. Pero descubramos qué se esconde tras esta genial narración bicentenaria y la leyenda que la rodea.

“Pocas son las obras que, como Frankenstein, ofrecen una desproporción tan grande entre el escaso número de lectores y el porcentaje de personas que, sin haberla leído, creen conocerla.” Con esta afirmación inicia María Engracia Pujals el Apéndice a la edición de Frankenstein publicada por Anaya en la colección Tus libros.
      Tras leer la obra no puedo estar más de acuerdo con ella por diversas razones. Por un lado, muchos de los que manifiestan conocer esta historia asimilan el nombre de Frankenstein al horrendo personaje; sin embargo, se trata de un error, pues este es el apellido de su creador, el doctor Víctor Frankenstein, quien en ningún momento de la obra da nombre a su criatura que no sea “criatura”,  “monstruo”, “malvado ser”…, ni esta se autodenomina de ningún modo. Por otra parte, se suele señalar la obra dentro del género de terror, e incluso se incluye dentro de la literatura gótica; no obstante, pese a que la propia autora advirtiera su pretensión de escribir algo “que pusiera los pelos de punta”, su novela rebasa los límites del miedo para convertirse en una tragedia que ahonda en la psicología humana.
      En esencia, el argumento de la novela es el que casi todo el mundo conoce: un científico crea un ser de proporciones y fuerza superiores a las humanas cuya desagradable imagen causa rechazo en aquellos que se cruzan con él, por lo que se ve abocado al desprecio y la soledad. Pero la historia va mucho más allá de este planteamiento, puesto que contiene una dura crítica a las convenciones sociales del momento, ya sea a la falta de equidad del sistema judicial (se observa en el juicio a Justine), el papel de las mujeres (la languidez de Justine frente a la actitud de rebeldía de Safie), el papel de la ciencia (Frankenstein juega a ser Dios creando un ser que resulta monstruoso) o la influencia de la familia en la toma de decisiones vitales.
       Pero, ¿quién escribió esta novela que ha pasado a ser un clásico de la literatura y por qué la hizo?
      Mary Godwin Wollstonecraft (más conocida como Mary Shelley) nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. Sus padres (William Godwin y Mary Wollstonecraft) eran pensadores y escritores con ideas políticas modernas (su madre reivindicaba los derechos de la mujer y así lo plasmó en 1792 con A Vindication of the Rights of Woman) cuya influencia alcanzará a su hija, pese a que su madre falleciera diez días después del parto. El nuevo matrimonio de su padre con una mujer sin inquietudes culturales y su mala relación con la pequeña Mary marcarán el devenir de su vida que la escritora reflejará en su obra.
      El joven poeta Percey B. Shelley frecuentaba el círculo filosófico de Godwin, por lo que entró en contacto con su hija. En julio de 1814 el vate se fuga con Mary a Suiza en contra de las convenciones de la época (él estaba casado, su esposa estaba embarazada y Mary tan solo tenía 17 años). Pese a estar en contra de la institución matrimonial, como ya hicieran los padres de ella, claudican y se casan dos años después, tras el suicidio de la esposa de Shelley. La relación de ambos escritores se alargaría hasta  julio de 1822, cuando el poeta muere ahogado.
     El momento que más nos interesa de esta tempestuosa relación tiene lugar en 1816. En junio de ese año, como la propia Mary afirma en el prólogo de su novela, se hallaba en Ginebra junto a cuatro amigos (Percey Shelley, Lord Byron, John W. Polidori y Claire Clairmont, su hermanastra). Como el tiempo era desapacible y lluvioso, se reunían para relatar viejas historias alemanas de fantasmas. Una de esas noches se comprometieron a escribir un cuento cada uno sobre algún suceso sobrenatural. De ese reto nació la idea de Frankenstein o el moderno Prometeo (hace alusión así al mito clásico del titán que robó el fuego de los dioses)que redactó entre ese año y 1817. La novela fue publicada por primera vez en 1818, aunque en 1831 se editó una versión revisada por la autora en la que cambiaba determinados aspectos del texto por considerarlos pueriles. En la actualidad se prefiere la edición princeps.
     Frankenstein son tres historias dentro de la misma novela. La obra se inicia con las cartas que escribe el aventurero Robert Walton a su hermana Margaret en las que le relata los avances de su viaje hacia el Polo Norte. En la cuarta carta se introduce el segundo nivel narrativo, pues, tras recoger a Víctor Frankenstein del hielo, este le relata a Walton su propia historia, dentro de la cual se halla la conversación que el creador mantiene con su criatura, quien le relata sus vivencias desde que se separaron y su relación con la familia De Lacey.
     A pesar de los diversos niveles narrativos, la historia es fácil de seguir, ya que quedan claros y muy bien definidos los límites de cada relato. No obstante, a la novela se le ha achacado la juventud y falta de experiencia de la autora (tan solo tenía diecinueve años cuando la escribió) en determinados aspectos a la hora de definir a los personajes o caracterizarlos.
     Lo que sí parece ser cierto es que Mary Shelley muestra en su relato aspectos de su propia vida que la marcaron, como la pérdida temprana de la madre que sufren varios personajes (Robert Walton, Víctor Frankenstein, los hijos de Lacey o Safie), la falta de empatía y totalitarismo de algunos padres, el suicidio como alternativa ante la desgracia, la rebeldía de la mujer ante las convenciones sociales…
Frankenstein más que miedo provoca tristeza. El monstruo es un ser bondadoso que busca ser aceptado, pero que es incomprendido, por lo que se rebela contra su creador y contra una sociedad que no lo entiende y lo rechaza por su aspecto. Ni siquiera se le permite abandonar la soledad a la que lo obliga su deformidad proporcionándole lo único que pide, una compañera. El personaje nos confirma con su actitud las teorías ilustradas de Rosseau, según las cuales el hombre es bueno por naturaleza, pero es la sociedad la que lo corrompe, pues el rechazo que sufre lo impulsa a la venganza.
Esta novela podría ser considerada una historia de marginación, un canto a la aceptación del otro por su valía más que por su imagen, un grito contra las convenciones y sus límites, pero también una advertencia a la ciencia y el positivismo, ya que sus progresos pueden cegar al hombre, confundirlo, llenarlo de un orgullo tal que llegue a jugar con la creación al considerarse un demiurgo sin pensar en las consecuencias.

Si quieres ver la publicación original, sigue este enlace:
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